AC/DC – Power Up

Escrito por el 26 diciembre, 2020

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AC/DC resurge con un nuevo álbum con novedades compositivas y lo mejor del grupo

Para nuestra sorpresa, la muerte de Malcolm Young no ha sido el ultimátum definitivo de la banda australiana de hard rock AC/DC. A pesar de la longevidad de los integrantes de la banda y de la trayectoria inmóvil de su música, han decidido reclutar un nuevo miembro de la familia Young para que sustituya a su tío en la banda y así sacar Power Up, un nuevo disco.

Este nuevo integrante es Stevie Young, un nuevo guitarrista que dará a la banda un sonido ligeramente distinto a sus otros discos desde el punto de vista guitarrístico. No se puede decir que se aleje mucho de las influencias de su tío a la hora de componer estas canciones, de hecho, hay canciones que están compuestas por Malcolm. Por otra parte, Stevie desvela algunas peculiaridades que no estábamos acostumbrados a ver en la banda, como ligeros contrapuntos convergentes en los acentos de los demás instrumentos o un uso ligeramente distinto de las escalas a las que ya nos tenía acostumbrados Malcolm.

Desde un punto de vista más analítico, el batería Phill Rudd sigue exprimiendo al máximo el 4/4 de alternancia entre bombo y caja en negras con el hit-hat en corcheas, pero hay algunas partes donde nos brinda nuevos ritmos que le dan a la banda un toque más original y con una tensión y resolución rítmica distinta y muy resultona como en Through The Mists Of Time. El ritmo de esta música es muy marcado, como lo ha sido siempre con la banda. El uso de los silencios es muy laudable en la función de suspensión o en la función de generar contrastes dinámicos, así como para diferenciar partes. Este uso de los silencios es increíblemente efectivo por que consiguen mediante él y mediante un pulso constante y predecible que el cuerpo pida algo en concreto y así poder dar las notas más importantes donde el oyente las pide. Aún así, este juego funciona de manera contraria en algunas partes, como para generar confusión, sorpresa, tensión y suspensión. Al margen de los silencios, el ritmo de las cosas que oímos es AC/DC en estado puro, usando los tiempos fuertes del compás como soporte de acentos y resoluciones dándole así el carácter tan pesado y contundente que ha tenido siempre la banda. Aun así, en los puentes, transiciones y secciones de otras características más peculiares hay mucho uso de anacrusas, contratiempos, síncopas y silencios que sirven como acumulación de energía para luego estallarla en una nueva sección. También estas partes le dan una riqueza al disco en general que es necesaria para no caer en la monotonía y darle un color distinto y a su vez una forma más elaborada.

En cuanto a la forma, las estructuras están muy bien equilibradas, de manera que ninguna parte ni ninguna canción se hace demasiado larga y consigue hacer que los cambios lleguen cuando el cuerpo te lo pide. Quizás esto sea síntoma de haber compuesto toda una discografía muy predecible desde el punto de vista estructural y formal. Este es un disco en el que podemos escuchar menos solos de guitarra que en otros, pero es remarcable que los que se pueden escuchar en Power Up son muy buenos, donde no se puede prescindir de una nota y con el toque más puro de Angus Young.

En cuanto a los temas e incisos melódicos, el trabajo en Power Up es lo más remarcable junto con el trabajo vocal. Las líneas melódicas y las progresiones de acordes en mezcla con el ritmo armónico y la voz, es lo que le da a AC/DC una vez más un lugar entre las bandas de rock con más personalidad de la historia. Desde el punto de vista melódico, podemos ver esa influencia del Rock N Roll y del blues clásico que se disfraza de un rock más agresivo y eléctrico.

Tampoco nos podemos olvidar de la voz, ya que Brian Johnson parecía estar con un pie fuera del mundo la música. Pues parece que ha sorprendido con su estilo con la misma soltura que en su primer disco con la banda Back in Black. Su estilo literario y su técnica vocal parecen estar intactas y parece que quiere seguir exprimiéndolas al máximo. El falsete nunca decepciona cuando se trata de él, pero menos aún si no lo desliga de su estilo blusero de cantar con estribillos más agresivos y heavies.

La producción de este álbum, dirigida por Brendan O´Brien, sigue siendo magnifica y sigue siendo la guinda del pastel que son las composiciones de AC/DC. Todo esto con una prolongación de unos 41 minutos de cambios, energía, rock, blues, saltos dinámicos, finales apoteósicos, puede ser una última bala de estudio de la banda AC/DC como homenaje a Malcolm Young.

Como conclusión, este disco es un nuevo soporte de complacencia para los fans del Rock y los seguidores de la banda, no defraudará, pues sigue en su misma línea compositiva a excepción de algunas nuevas pinceladas impulsadas por Stevie Young. El éxito de este disco está justificado, aun que la campaña publicitaria ha sido un poco menor a otras anteriores. Por otra parte, no hay mejor momento para sacar un álbum de estudio en un año en el que no se pueden hacer conciertos masivos como lo que la banda acostumbra a dar. Se puede considerar que la banda ha aprovechado la oportunidad de usar un año de parón para hacer un nuevo trabajo de estudio y hacer un de ello un trabajo bueno.

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